El Hutong
Lo que brilla gigante como una mole son los tres bloques de centro comercial y oficinas del Soho. El Pekín más imponente. El progreso, el consumo, el capital. Este centro es como otro cualquiera pero con veinte plantas, llenas de las grandes firmas de joyas, cosméticos y ropa. Se llama el Soho, y es una gran cadena de gigantes ventanosos que aparecen en cualquier esquina de la ciudad.
Justo delante de él y separado por una calle de mi bloque, hay un Hutong. Es un barrio original chino, rodeado de una tapia y donde los vecinos tienen casitas muy pobres y cochambrosas, comparten aseo público y se iluminan con un par de bombillas para todos. No disponen de alcantarillas, ni agua caliente suponemos. En el centro está la carbonería, donde los más ancianos ciclistas entran y salen cargados de carbón.
En la esquina, está el "Recicle". Así lo he llamado porque es un auténtico punto verde de reciclaje. Como ya os conté, aquí la basura da de comer a muchas familias. Ésta es una de ellas. Pueden ser unos cuatro o cinco y dos criaturas, todo el día trabajando con los residuos, separándolos, pesándolos, cargando los camiones y llevándolos bastante lejos (llegan por la noche vacíos) para vender sus mercancías. Ahora con el frío han ampliado con una chabola en la acera, suponemos que para que los chaveas se puedan cobijar.
También en el Hutong vive la familia de guardacoches. Todos los coches de la calle están vigilados por esta familia de serenos que quitan la cinta amarilla y la vuelven a colocar cada vez que entra y sale un audi.
La frutería del Hutong es de las menos lustrosas del barrio, pero por dentro todo está muy limpio y es de las más baratas. Anque no creo que puedan competir ni con el mercado de abastos, que está al otro lado del Hutong, ni con el megasupermercado ultramoderno de la planta baja del Soho, donde las diez colas de las cajas están siempre a tope y todo es el doble de caro.
En fin, los demás Hutones del distrito han sido remodelados, las casas reconstruídas y las calles adoquinadas. Todos pintados de colorines y convertidos en auténticas alcaicerías chinas, donde los turistas se dejan los sueldos en souvenires.
Pero éste, no sabemos si lo van a demoler o qué. Lo mismo dentro de un par de meses deciden que no está bien visto que una ciudad embajadora de las olimpiadas de esta apariencia de miseria y pobreza, y lo tiran todo abajo para hacer otro Soho, y otro más, y otro.... da igual, siempre van a estar a tope de gente comprando....
Y de estas familias nunca se volverá a oir hablar.















